jueves, 22 de marzo de 2007

Artículo: spinning o surfspinning





Con vuestra licencia en esta ocasión no me ceñiré a guión alguno... ya sabéis: que si presentación, materiales, lugares, época, técnica... con lo cual sólo voy a dejar actuar la memoria, la improvisación y el golpeteo de las yemas con estas sonoras, por desvencijadas, teclas.

Así amanece una lubina, que seguro iba acompañada en un bálamo, discurriendo a través de un canal arenoso, ávida de alimento. Es una superficie donde gozamos con la práctica del spinning...¿o debemos decir “surf spinning”? Si mencionásemos el término surfcasting, doy por seguro que la mayoría de colegas pensamos en la pesca con dos cañas, bien clavadas, en un arenal inmenso y mediante el uso de cebos naturales, como gusanos políquetos, moluscos de toda índole, etc.; si el vocablo es mentado en cualquier tertulia que refiera una porción litoral del profuso continente americano, lo más seguro es que el pescador deportivo extraiga una foto recordatorio con una pieza de lenguado, o una gran lubina rayada, prendidos ambos de un señuelo artificial.

No vamos a desligarnos tan fácilmente de esta acepción digamos que europea, tan instalada ya en el acervo popular; antes al contrario, la respetamos y se va consolidando sin más. Por ello, se percibe que se acabará por reservar el término spinning en playa o entrará en circulación el novedoso “surf spinning” para referirse a lo que toca: lanzado de señuelos artificiales en playas sometidas a oleaje ( principalmente).

La difusión de esta técnica está en mantillas si nos referimos a la costa peninsular ( o bien debemos manifestar que siempre se aplicó pero según nuestra forma de entendimiento), pero cada marea cuenta con mayores expectativas, dadas las connotaciones que arrastra y las satisfacciones que reporta, virtudes ambas que irán manifestándose a lo largo del texto...o eso espero.

El problema manifiesto que encontramos es la propia concreción de las peculiaridades que arroja el terreno, las especies de interés y los aditamentos que requeriremos.

Un sistema tan sumido en la continua variación, como es el que compone la franja medio - litoral en una ribera sesgada por el protagonismo de la arena (y sus variaciones minerales) plantea problemas al aficionado que no tiene ocasión de observar con minuciosidad y a diario la conformación e idiosincrasia inherente al relieve que elige para la pesca a spinning. Las frecuentes corrientes, los aportes variables de material por los cauces fluviales, las secuelas dejadas por los cambios en el oleaje, los vientos y las mareas, entre otros factores imposibles todos ellos de compendiar, contribuyen a la mutabilidad perenne de estos lugares; y los peces, que siguen su instinto natural, se adaptan con suma precisión a dichas variaciones; mientras, nosotros, habremos de discurrir, de deducir con la visión en las horas de reflujo, de la comprobación de los meteoros, del uso consciente de la propia experiencia...el estado actual del terreno, si pretendemos realizar una digna y deseada captura.

Y tal parece cuando esa lengua convexa penetrante treinta metros en el solsticio, y ahora, tras andanadas de mar duro que dejaron paso, del fino cristal a la grava de tamaño canica. Además, los peces optan por dejar al margen la barra, donde la fuerza de las olas deja poco espacio para la traslación; y aprovechan canales, y el embudo que genera tanto aluvión como sale de la laguna interior... Un discurrir que también, como no podía ser menos, alterna diseño, volviendo el panorama ciertamente impredecible.

Panorama que acuerda un relieve siempre cambiante, desde profundas planicies que se pierden a los lejos, hasta tímidas calas; y todas estas playas, separadas entre sí por una extensión pétrea, de acantilado y estuario. Por este motivo, condicionamos la práctica de un surfspinning digamos que “puro” a la exploración metódica de esos puntos, rincones marginales desde donde promover el eficiente trabajo del artificial. Cuentan estas áreas con un fondo blando, pero suelen incrustarse peñascos y sierras sumergidas, obstáculos que sirven de recalada a los peces, como esta lubina, de modesto porte, que prendió un paseante sinking y fue devuelta a su hogar.

A sabiendas que resulta del todo inviable concretar todos y cada una de los factores, ni acaso su repercusión actual, queda tiempo para dejar al azar el fruto de tantos lances, como veremos cuando asome el tema de la técnica.

Persigo roballos, con una pasión que desborda lo razonable, y sólo pido que el taimado barbero queme en la pira todos los textos que hacen de mí un “Quijote de la pesca”; por ello, dedicaré estas líneas a la mayor vanagloria de este familiar conocido morónido; pero, no es menos cierto que, desde estas posiciones, las chovas andaluzas y del levante, con suerte las palominas y algún limón, amenizarán un ocaso que tal vez se muestre menos parco que ayer. A buen seguro que un compañero, vigilante de esos lares, destinará alguna anécdota a cuenta cuentos. Tal vez, alejado de este chovinismo amable, mis botas pisarán esas latitudes sureñas... algún día.

Pese a tanto acto desaprensivo, es factible la presencia de bandos de lubinas por nuestras playas; pero, lo que hace unos veinte años sumaba una casuística prometedora, la entrada del nuevo milenio no augura trabajo a esta caña de trestreinta. La roballiza va mermando sus poblaciones, antaño feraces, dejando paso a al mar infinito con tan baja densidad de individuos que ya me pregunto ¿ cómo se las arreglarán para encontrar una opción para el desove?

Pese a tamaña inconveniencia que podríamos calificar de genocidio, estos peces siguen escrupulosamente con los hábitos heredados en mil generaciones: reunirse en grupos cuantitativamente numerosos en la etapa de alevín y juvenil, para a medida que crecen ir concentrándose en escuetos grupos y pasar en el periodo adulto a vagar en solitario o en compañía de varios individuos; a alimentarse de prácticamente toda suerte de organismos, desde moluscos bivalvos a peces cebo; a adentrarse en todos los rincones de la costa por muy abigarrada que ésta sea, prefiriendo las estancias en los aledaños a los cursos fluviales y riberas y cobijándose entre mareas en fortalezas pétreas, en bajos marinos y escollos sumergidos; a presentar un comportamiento alienable, metamórfico, desde la curiosidad y codicia más insultante a la pasividad y renuencia, detalles de una personalidad que han hecho de esta especie animal un fenómeno único, ciertamente extravagante.

Tratándose de este perciforme, el abanico de posibles, si dedicamos varias líneas a comentarios acerca de materiales, se dispara. Tal vez la distancia de lance sea el factor que con mayor intensidad va a comprometer la elección misma; y este factor, variará muy directamente con el estado de la mar.

Pero no debo zanjar aquí la cuestión que no es baladí, debiendo por ende, presentar algún argumento sólido:

Con un equipo ligero ( o medio), aquél que cabalmente configuramos entorno a la caña de 2,20 –2,40 metros en dos, tres o varios tramos enchufables, y que puede demostrar una potencia de unos 15-40 gramos a lo sumo, será complicado enfrentarse a una fuerte marejada en playa; los señuelos ligeros, como los jerks de 19 gramos, esas cucharillas o los poppers de primavera, presentarán dificultades insuperables para completar su recorrido y acción, física natural para la que están diseñados. Éste será un buen utensilio de spinning si, por el contrario, el tiempo reinante brinda una brisa y una ola de amainada proporción, como un 4 en la escala Douglas, por ejemplo. Todo, con el objetivo de alcanzar la zona de actividad, que también se verá clausurada por un viento fuerte de norte o noroeste si ejercitamos en una playa de la costa verde.

Trenes de olas arriman una espuma que se evade en el rebalaje, con el vadeador reteniendo esa corriente, dirigiendo en un apoyo fuerte el señuelo de 60 gramos al canal, a ver si llegamos. Ya son palabras mayores, que van dirigiéndonos, sin quererlo, a los que creo convenir en calificar como surf spinning. Una vara ya seria, a partir de los 2,70 metros de longitud, y con una potencia que no bajará de los 30 gramos y que permitirá el viaje de un artificial de tamaños y peso considerables. Las cañas de surfspinning están en boga, pero no debemos dejarnos impresionar por los reclamos publicitarios, fruto de la terminología y desarrollo que esta modalidad ha disfrutado al otro lado del charco. Las cañas que empleamos en spinning pueden servir a los efectos, tanto una dos tramos ( incluso de carpfishing) de potencia 20-80-120 como una Lamiglas de alta estofa. Como primer paso, adecuaremos la potencia a nuestro objeto. Optaremos mejor por la acción más proporcionada al tipo lanzamiento que ejecutamos. A este respecto, será mejor contar con varas de acción algo lenta y progresiva pues acompasarán el movimiento y permitirán trabajar con señuelos algo menos pesados, pero restando algo las posibilidades de distancia. Resulta más fácil cargar ( flexionar) la vara de acción “moderate” por lo que estos modelos gozan de gran aceptación.

La distancia no es un objetivo primordial; pero, conseguir unos metros suplementarios puede significar el tránsito a ese canalón donde los peces se agrupan esperando el acceso, o por donde viajan detrás de la barra en el periodo de reflujo. Por ello, conviene disponer de un equipo ajustado y de una técnica de casting lo más depurada posible: lo primero se consigue con un poco de asesoramiento, y contando con las disponibilidades económicas suficiente; en cuanto a la segunda premisa, no queda otra opción que practicar, siguiendo los consejos de un colega y las especificaciones que se pueden extraer de los libros, videos y revistas especializadas.

Con un hilo de reducido diámetro ganaremos en longitud. Esta circunstancia se ve impulsada por el hecho que en estas playas los arrecifes y obstáculos suelen ser poco significativos, si no están ausentes. Así que nos permitimos montar en el carrete la bobina con el trenzado del 0,10mm o con el mono de 0,20mm y entonces sí, el señuelo desaparecerá en el horizonte. Pero, no debemos descuidar la regulación del freno de acuerdo con las posibilidades de la línea. Una escapada de una gran lubina puede romper un sedal del 0,20mm de unos 4 kilogramos de resistencia a la tracción si no ajustamos el micrometrico con antelación. Tampoco os pido que carguéis con el dinamómetro para ajustar a los 5 kilos sobre un carrete con freno de 8 kilos pues en todo caso estaría –el conjunto- algo descompensado; No pasa nada, pues lo importante es mantenerse alerta ante la inesperada picada del pez de nuestra vida, evento de incierta cábala dado la eximia presencia de animales de gran talla. Sin embargo, en estos parajes sí arrimaremos piezas de dos y tres kilos con relativa periodicidad.

Las tribulaciones a que nos vemos sometidos alojados en el borde del cantil pasan aquí a un segundo plano. No obstante, conviene prevenir la instalación de una roca emergente que hace un mes estaba bien tapada y ahora surge como impedimento que frustra la natación del minnow y convierte en frugal el inicial optimismo, veinte euros anclados sin remedio...

Reservaremos el 4000 para el equipo más ligero y el 6000 cuando se trate de la caña 30-90-120 gramos, dispuesta a cargar con el chivo de 75 gramos.

Llamamos spining al concepto más ligero o surfspinng al conjunto...creo, por fin, que podemos acuñar el término que invoca a las olas como protagonistas, fenómeno físico que será –en gran parte- fuente generadora de vida.

Toda una gama de señuelos abarrota el macuto, tales como:

Peces nadadores, de superficie, suspendidos y hundidos, mejor con formas alargadas que emulan a los lanzones (ammoditidos que suponen uno de los principales objetivos de las lubinas en regiones de arenal), de unos 12,5 a 14 centímetros y un peso desde 16 a 36 gramos, que se envían a razonable perímetro y no fallarán si hay pesca; tampoco algún popper, pero en playas a mí particularmente no me han ofrecido tanto resultado como en zonas mixtas y pedrero; cucharas ondulantes no deberán desestimarse, desde las típicas “tobi” y “evi” con pesos a partir de 20 gramos, con las que resulta en extremo simple el manejo y que ofrecen una atracción muy evidente; a partir de aquí nos quedan los cebos plomeados como el chivo, desde los 40 gramos de peso y uno de los señuelos con los que superar esas jornadas marcadas por la ola de dos metros; otros señuelos que se vienen a emplear son los del tipo jig, de aspecto alargado y muy pesados, que imitan peces; y otros de acción superficial como los rangers y los whisther que dan brillos plateados para un artilugio con forma romboidal muy alargada y aspecto de que nunca van a sacar un pez, pero que causan furor a poco que los probemos en la costa patria.

Maledicencia tras haber probado con toda esa parafernalia de imitaciones: las lubinas siguen sin querencia... entonces nos recordamos que existen esas siliconas y vinilos, de peso ínfimo, que sólo resultarán potenciales con la ayuda de un peso transportador. Hablamos de pesca con buldó, modalidad que entiendo como un arte que cabe en un capítulo aparte, dadas sus peculiaridades.

Calzamos el vadeador, indumentaria que nos librará de los continuos vaivenes de las ondas y permitirá avanzar unos pasos en la resaca. Apuntamos en la dirección pretendida y a recuperar con una sistemática que variará dependiendo del señuelo: si se trata de minnows, convendrá seguir con la ortodoxia que invita a efectuar paradas y toques de puntera, el sistema “jerking” habitual; los poppers los moveremos con soltura sobre la superficie o mejor dando tirones sucesivos para que generen las espectaculares burbujas; los chivos se accionan en modo simple con una recuperación continua pero a variable cadencia, esto es, alternancia en el ratio de manivela.

Las direcciones, mejor en abanico y alternando tiros cortos con otros dotados del mayor impulso que seamos capaces. Las corrientes influyen en la acción. Para conocer –en ausencia de viento- el sentido, basta dejar inmóvil el señuelo (un minnow flotante, por ejemplo) y ver cómo se desplaza, normalmente hacia la orilla. Los lances a favor de la corriente hacen que el artificial pierda algo de vibración y al recuperar perdemos esa sensación que transmiten. En contracorriente (difícil lanzar de esa manera en una playa) o lo que es más común en una posición en eje más o menos perpendicular a la corriente principal, el señuelo se agitará con mayor vehemencia y tenderá también a acercarse a la orilla. En la línea final de recorrido la corriente de fondo ofrece mucha resistencia al devenir del mismo y lo percibiremos enseguida ( toqueteos y franca oposición a extraerlo del agua). En ese punto –los últimos metros- conviene “jugar” unos segundos, pues puede ser el lugar donde ocurra un ataque definitivo por una lubina que ha venido siguiendo el pez de imitación. La onda bajo el señuelo transmite energía al mismo, desplazándolo. Por ello, como si de dominar un barco se tratara, sobre el tren de ola dejaremos de recuperar para continuar de inmediato a su paso, percibiendo entonces un meneo vivaz .

Como deducimos hay un aspecto esencial y que no debe perderse de vista: la movilidad (ver esquema). El surfspinning requiere una buena dosis de esfuerzo y dedicación. No se trata e bajar a un promontorio y lanza acá o acullá en cuanto advertimos la puesta de sol; debemos cambiar, efectuar lances en todas posiciones de la playa, muy preferentemente en las cercanías del inmisario, pero sin descartar ningún rincón.

Siempre entendí como una buena costumbre el apunte de lo visto y me considero una persona curiosa y observadora que le gusta incorporar ideas, mostrándome abierto a cualquier improvisación. Y en Baldaio, encantador y majestuoso arenal allá en la costa de A Coruña, acertamos a pasear a lo largo de los kilómetros de vasta orilla con un cordón al que fija las capturas de modo que la espalda se ve librada del ingrato peso durante horas de peregrinaje.

Es acaso la forma de no perder de vista sobre lo que significa un asunto crucial en la pesca de la lubina a spinnig: amplitud de miras y sacrificio en un entorno rico y bello, en este caso voluptuoso como la costa de Bergantiños.

Bueno, al final releo el artículo y vuelta al “sumario”... ¡qué hacer con un pescador que se mete a contador aficionado!

Saludos cordiales
Artículo publicado con anterioridad en Federpesca MAR

A Coruña a 31 de marzo de 2.005
Última revisión a 06/11/05