martes, 11 de marzo de 2008

ALguna panorámica ayer y hoy

Otro temporal, otras fotos, un poco repetidas pero son de estos dos días, con un frente que coincidió con pleamares vivas...y así pasó lo que pasó...

Santa Cruz y Seixo Blanco, en A Coruña.








12 comentarios:

Manolito dijo...

como pegaba ayer!

sí señor, se juntaron olas del noroeste, viento del noroeste y mareas vivas

fue la primera vez que me puse a chivear en la capilla de Sta Ana y en Espiñeiro, en Mera LOL

por cierto, ni un pez, claro

Dani dijo...

SI,MENUDO TEMPORAL!
Y EN CARIÑO DIO BIEN LA MAR TAMBIEN.ES UNO DE MIS PUERTOS PREFERIDOS,POR LO MENOS NO PASO NADA.
UN SALUDO

FRAN dijo...

Impresionantes imagenes las que estamos viendo estos dias, que nos dejan claro que nada somos ante el poder de las fuerzas naturales.
Saludos.
FranMiron

Gorka García Laza dijo...

Una fuerza incontrolable q reclama el espacio q le ha sido robado. Maravilloso!!!

pd: anda q van a estar los peixes con muxa fame para la calma. Toy afilando los anzuelos...

Víctor dijo...

Bonitas fotos, lo del Seixo es impresionante, vaya barvura que tiene ahí.
Yo sólo he podido verlo por la tele pero ha tenido que ser impresionante.
El mar reclama su espacio y hemos construido de un modo en el que pretendíamos decirle hasta donde podía llegar, ahora nos ha dicho él hasta donde llega.
Un saludo a todos.

Nitro dijo...

Que bonito el mar, pero visto desde lejos en éstas condiciones.
Ahora que parece que se tranquiliza no veo el momento de mojar los anzuelos :)

Esta tarde-noche va a ser que si :)

Manolito dijo...

ya viene la calma ... a por ellos!
(hace 15 días que no como pescado :) )

Sargus dijo...

Enhorabuena pelas fotos Carlos,
A preciosidad e bravura da natureza sem control, que interage com la obra e estruturas do Homem.

Muy buenas fotos.

Cordial saludo.

jibion dijo...

Todo esto me recuerda una vieja batallita... Corría el comienzo del otoño de 1984. Era el primer fin de semana de octubre y yo, era un crío de cinco años, lógicamente, aún sin mucho uso de razón, y lo único que recuerdo de todo aquello eran unos álamos de veinte metros de altura hechos pedazos, rotos, reventados, después de que sus troncos dibujaran un ángulo recto perfecto. Y mientras, el sufrimiento de no saber dónde estaban mi madre y mi abuela...

Aquel fin de semana, el tiempo era radiante, y aunque el verano acababa de terminar, y la tristeza empezaba a invadir las calles de aquel Laredo tan distinto de principios de los ochenta, con sus terrazas recogidas a final de la tarde, sus chiringuitos del puerto ya desmantelados esperando otros estíos aún por venir, y la gente, la gente que anima y da vida en masa, la muchedumbre entre la cual todos nos sentimos bien, la maravilla de ver una playa llena de turistas, gente mirando planos recorriendo con mirada curiosa las mismas calles que unos días ya olvidados recorrieron Carlos V y su séquito, gente animando con sus conversaciones los cafés, las animadas tertulias y los obligados "pinchos" que el resto del año se ven relegados a los domingos y que se hacen de obligada costumbre en verano, casi de diario... en fin amigos, la gente. Pues aquel primer fin de semana de octubre, la gente, como digo, ya no estaba.

Y menos mal, amigos menos mal.

Lo que ahora voy a contar, está entrecomillado porque es la historia contada por mi madre y mi abuela. Gracias a dios y a las primeras anginas del otoño, yo estaba en casa.
" Eran las once de la mañana e íbamos caminando hacia el puntal, cuando notamos que algo no iba bien; no había brisa, ni nordeste, ni nada; no corría una gota de aire, y la atmósfera empezaba a calentarse por momentos. El horizonte, más allá de la peña de Santoña, tenía un color entre violeta y azul eléctrico, muy extraño, e iba avanzando a medida que se notaba más la intensidad de aquel pequeño golpe de calor. Y entonces vino el ruido.
- "máma", ¿qué es eso, un avión?
- no sé hija- respondió mi abuela. Y en aquel momento, cuando se dieron la vuelta, lo vieron. La nada. La más absoluta nada, donde antes se veían cuatro kilómetros de playa. Una nube de arena ahora ya en medio de un ruido atronadoramente infernal procedente del noroeste, se lo tragó todo, avanzando a una velocidad descomunal. Primero, la reacción era de dar la vuelta; unos segundos después, cuando las piernas responden y el instinto de supervivencia manda, la mirada se dirige hacia los edificios que delimitan la línea de la playa, pero aún no han salido de la marca de la arena fresca dejada al descubierto por la bajamar, y "aquello" ya las ha tirado al suelo. Con la mirada desorbitada y viendo unas docenas de personas alrededor, agachadas, algunas aún mojadas y sin más que el bañador, que se debaten agarrándose a la arena, como ellas, comienza el avance a duras penas hacia el paseo, algo que en circunstancias normales hubiera sido un corto paseo de tres minutos, se transforma en una agonía de casi quince para recorrer cien ridículos metros. En la arena seca la cosa se vuelve más fácil, porque los juncos y "lechetreznas" de playa sirven de agarre. Y aquí es donde se dan cuenta de la magnitud de aquel golpe de aire; ya no hay tanta arena que estorbe la visión, y nada más salir al paseo, unas sillas de cafetería desfilan ante sus ojos, como persiguiéndose unas a otras hasta estamparse contra un coche; trozos de uralita se arrastran por en medio de la carretera y mi abuela ve un trozo de cristal de un metro cuadrado aproximadamente que vuela unos metros por el aire antes de hacerse pedazos en el suelo. Corriendo y protegiéndose la cabeza con los brazos por si acaso, se unen a otro grupo de media docena de personas que ya han salido de la playa y entran en un portal; lo peor ha pasado; Al cabo de media hora, el grupo se dispersa y cada uno vuelve a sus casas, ahora en medio de un viento muy fuerte y una lluvia más fuerte aún, pero ya, nada parecido a lo vivido en la playa. Al final, todo se salda con un susto descomunal y unas gafas de sol que lógicamente, no volverán a manos de su dueña.

Pero no todo el mundo tuvo tanta suerte; aquel día, a lo largo de nuestro litoral cantábrico, varias personas perdieron lo más valioso, la vida.

Aquel horror recibió el nombre de Hortensia."

Desde entonces,desde que tengo uso de razón, cada vez que hay un ligero atisbo de temporal, cuando un golpe de viento caliente trae una calma que hace desaparecer incluso la brisa, jibión se va a casa sin saludar siquiera. Han sido unas cuantas veces, pero solo una llegó a ocurrir algo, aunque duró unos cuarenta o cincuenta segundos nada más.Y es que la vida vale más que una buena foto o un pez grande.
Quizá otro día cuente como un tatarabuelo mío salvó a la tripulación en la famosa galerna de un día de gloria de mil ochocientos y pico; tengo que mirar los datos porque no recuerdo el día ni el año, pero esa fue aún peor; Aquel temporal destrozó el antigüo puerto de la soledad, al otro lado del túnel,e hizo que la peña del fraile, justo al lado del faro del caballo, "lograse" la conformación que tiene hoy día.

Pero creo que por hoy ya he dado bastante la lata, y porqué no decirlo, se me han puesto los pelos de punta. Cuidado con la mar amigos.

sargoloco dijo...

JIbion, precioso relato, cargado de evocación y retrospectiva histórica acercad e un evento que recuerdo bien, pues -por desgracia- cuento con ubnos veranos más.

Tenía 19 años y aún se perfila enla mente los maizales, horizontales, quebrados...fue un huracán de proporciones insólitas para lo que es frecuente en nuestra vertiente atlántica, pero puede reproducirse.

Imaginaos tal fuerza con mareas vivas, viendo lo quie pasó estos días...

António Simões dijo...

Sem duvida um excelente relato de jibion.Um temporal desses ocorreu na costa Norte de Portugal, nos anos cinquenta, quando os meus sogros , pescadores da sardinha ainda eram jovens...Nesse dia tr�gico morreram 140 pescadores de v�rias tripula�es ao longo da costa..Salazar o Ditador, pagou 140 caix�es de madeira e os enterros porque as familias n�o tinham dinheiro para o fazer..Algum dia escrevo esta hist�ria, porque meu sogro ainda � vivo com 82 anos e essa � uma homenagem que lhe quero fazer em vivo.
Na quarta-feira dia 12, depois do temporal, avan�ou uma equipa minha para o Corrubedo,e com vagas de 5 mtos , capturaram ao plomo, 10 sargos, dois deles pesando perto dos tres kgs...Um mar assustador mas � quando os gigantes saem dos seus buracos..Na quinta dia 13, j� com o mar caindo para os 3 metros j� n�o capturaram nenhum!!!� impressionante a inteligencia destes peixes!!Cada vez os admiro mais!!

Abra�o
Ant�nio

ogoño dijo...

Aqui en bixkaia ha sacudido bien, multitud de barcos hundidos en los puertos, pantalanes arrancados de cuajo. El agua ha inundado los bares y locale en los puertos. Ha sido mresionante ver las olas de 9 metros rompiendo contra la costa.

Aqui el peor momento fue el martes a las 6 de la mañana, al ser la pleamar. Yo fui a vigilar el barco por si acaso y era impresionante la fuerza de las olas.