viernes, 30 de mayo de 2008

El primer pizcuervu


Saludos, amigos de la pesca.
Esta semana, tras una quedada bíblica, hubo un instante en que la mar se alborotó un poco y me arrimé con la caña al lado de casa. Decicí pescar sin macizo y con plomo ligero por el fondo, (últimamente sacamos algunos sargos así), algo salió, alguno bueno se me cayó al colgarlo, la zona era complicada, y uno tan hermoso como este conseguí sacar. Qué pez tan precioso. Nunca había sacado uno (Si es que me queda todo en la pesca, soy un guaje!). El combate fue extraordinario, ya que pescaba a ras de agua entre piedras y en cuanto lo arrimaba pegaba otra carrera hacia abajo y hacia los lados. Creí que no sería capaz de sacarlo; por suerte había armado con un Seaguar 0,26. No hace mucho perdí otro más grande con un 0,23, así que soñaba con pescar un sargo "imperial" para sentirme un pescador de sargo más completo. La cosa es que haciendo un análisis biológico "en zapatilles" me fijé en la boca, y los labios, extensibles hacia abajo, como las picas, aunque menos marcado, lo que revela a un ignorante como yo que el bicho en cuestión come del fondo, con que una vida a boya y, me imagino, la escasez de ellos, hacen que nunca le hubiera visto las rayas hasta ahora. Me dio incluso pena matar un ser tan bello. El próximo lo suelto.
Os cuento para acabar que lo conseguí meter con mucha dificultad entre un canal de piedras con la ayuda de una ola y al bajar por él, agachado, con la emoción, noto una sombra y.. me pasó una ola por encima, pero la adrenalina hace que ni te enteres; si os fijais en la foto estoy pingando y con cara de susto, que la quise hacer antes de que se le desvanecieran las rayas (pido disculpas por la sangre, que no vi). Justo tributo y cumplimiento de la máxima: el que quiera peces...
Saludos.

P.D. Con xorra blanca y pesó 1,490.

miércoles, 28 de mayo de 2008

lunes, 26 de mayo de 2008

Carlos redondo y una lubina


EL VIEJO Y EL MAR, POR ERNEST HEMINGWAY (VERSION ASTURIANA)


Estaba en un sueño profundo. En canales ideales rodeado de sirenas con los pechos desnudos que me sonreian y viendo las lubinas cebarse justo enfrente de mi, con la duda de cual de los deseos que me asaltaban debia satisfacer.
El despertador sonó estridentemente rompiendo todo el encanto. Sin tiempo para pensar y con el corazón alterado por el cambio tan brutal de dimensión, me tiré de la cama y lo primero en que pensé fue en mirar por la ventana para ver que tal día hacia y sobre todo como estaba la mar.

Eran las seis de la mañana, la oscuridad era total, la mar no sonaba, no había viento y la quietud animaba a volver a meterme entre las sábanas e intentar recuperar aquel sueño.
Pero no estaba en mi casa ni en mi entorno. Estaba de expedición y tenia que intentarlo fueran cuales fueran las circunstancias, que no se me antojaban las más propicias para conseguir algún resultado, aunque como estamos hablando de una ciencia inexacta, la pesca, pues nunca se sabe lo que puede pasar.

Sin apenas probar bocado, salvo un frugal pocillo de café, salí de la casa y me sumergí en la oscuridad del entorno, recibiendo un intenso aroma a salitre proveniente de la playa que estaba a escasos metros de donde me hospedaba.
Tenia pensado dirigirme hacia el pueblo de Canosa, para bajar a una punta que había visto desde lo alto del acantilado el día anterior, que me daba la impresión de que podia ser El Dorado de las lubinas, por su configuración.

Despues de atravesar las estrechas calles de ese pueblo fantasma que no todos los días está en su sitio, que apenas viene en los mapas y cuyos habitantes parecen (son) descendientes directos de Vlad Dracul, desemboqué en una pista de tierra que me llevaría a la punta del acantilado, por el camino se me cruzó un gato blanco y también vi una persecución de lechuzas blancas, estarian en celo y seguramente les había estropeado el momento.
Buenos presagios -pensé-, pero que estoy diciendo, yo no soy supersticioso, aunque, en confianza, prefiero que se me cruce un gato blanco que uno negro (el caso es que casi siempre se cruza alguno, ¿verdad?).
Llegué al principio del camino que bajaba, el alba empezaba a despuntar, hacia un poco de frio, la quietud era total y nada presagiaba que cien metros más abajo estuviera la mítica mar del fin del mundo.
Los toxos cerraban casi el camino, lo que me hizo pensar que no era muy transitado, aunque con la primavera que llevábamos de lluvias también era posible que hubieran crecido desmesuradamente en poco tiempo.

Mientras bajaba concentrado en el camino sinuoso, en mi cabeza sonaba la música de un paseillo torero, siempre comparando nuestra actividad con la taurina, con la que encuentro bastantes similitudes, aunque más lírica y peligrosa aquella, pero ¿a que la mar también pega cornadas? Físicas y morales para el que la siente dentro.

Al llegar abajo casi había amanecido, todavia estaba entre dos luces, la mar estaba bastante quedada salvo en los canales con poca profundidad de la ensenada que se abría a mi derecha, donde se dibujaba algún espumero intermitente.
Empecé a armar. Enfrente de mi había un canal que tenia profundidad, por lo que elegí un Duo de 17,5 cm. apodado "El Golosina" por Jose, el dueño de la tienda de pesca "O Campanu" de Cee, por sus buenos resultados entre la especie lubinera, aunque con la habilidad vendedora que tiene ese hombre, ya dudo si el señuelo en cuestión pesca peces o pesca hombres, por que guapo, lo que se dice guapo, es precioso, lo que espero es que a ellas también se lo parezca.

Era la primera vez que estaba en este lugar, andaba con mucho cuidado a la hora de acercarme al agua, que no rompía mucho y se me antojaba que iba a lanzar desde un punto demasiado alto, con lo que el pez no trabajaría bien, ya de por si se cala poco, es posible que viniera por encima del agua.
Ya era de día. Despues de unos cuantos lances con los que iban todas mis ilusiones sin resultado, decidí moverme por el lateral de la punta en que me encontraba, de aparente fácil acceso y llegar atrás del todo, era pleamar y presuponia que podía haber algún pez en un metro de agua.
El agua estaba semi-transparente, el fondo era de bolos blancos, poca profundidad, canales, bastante ocle atrás todavía fresco, sin descomponer, aunque ya con su olor característico y algunos mosquitos.

Cambié a un paseante, un lucky ghost minnow de 12 cm. y al primer tiro en un canal con algo de espuma, en el último momento casi al sacar el pez, se tiró una que no hizo presa, no muy grande, pero que me dió esperanzas. Volví a pasar unas veinte veces más y ni sentí nada ni ví nada.
La verdad es que la mar estaba demasiado suave, pero en parecidas circunstancias, a veces, se me ha colgado algún perrote a base de insistir (¿de molestarle, quizá?), además el sitio era maravilloso, ya controlaba un poco el terreno y como en esta costa atan los perros con longaniza, seguí insistiendo por todo el pedreru, cambiando de puestas y de señuelos, sin resultado.
Os ahorraré los detalles, llegué al final a un corte que me impedía seguir, tenia que volver sobre mis pasos, ya eran las diez de la mañana y a medida que había ido aumentando la luz, habian ido menguando las esperanzas.
En esta faena no iba a cortar ningún trofeo, ya debería irme, había pasado el mejor momento, el sitio me gustó a pesar de todo, pensé en volver con mejores condiciones.
Ya no volvía tirando con la misma intensidad que había ido, el codo (codo de golfista, me dicen los galenos) me dolía un poco despues de ¿doscientos lances?, pero lo que más me dolía era el pensar que se me acababan las oportunidades, ese mismo día tenia que volver a Asturias.

Iba con esta pesadumbre encima y entonces ocurrió. En uno de los casi ya mecánicos lances con un Patchinko color carne de 14 cm., a las tres vueltas de manivela despues de caer, un repompo brutal, que sacó espuma encima del agua, y el carrete empezó a chirriar con esa música celestial que nos parece la mejor de las sinfonias.
Fue un instante fugaz, en el que se condensaron todos los esfuerzos de más de tres horas de probar y probar, en el que se abrió la Walhalla, el paraiso de los guerreros que mueren en batalla.
"Maeztro, er bisho ez mu grande". Con las miradas de todo el tendido puestas en el lance (hay que mantener el tipo, tieso y con garbo, nada de acojones) empecé a trabajar al pez, que se había asustado al notarse preso y pretendía irse hacia lo más profundo, ya me había sacado lo menos veinte metros de hilo, el carrete estaba al rojo y yo lívido, con el cuentarevoluciones en zona roja. Se dió un respiro y me permitió cobrar unas vueltas antes de pararme en seco y volver sobre sus pasos. Todavía no la veía, pero intuia que era un buen pez. Con sucesivos descansos y frenazos, me permitió ir acercándolo sin desviarse demasiado de la perpendicular en que había picado, una roca afloraba en la trayectoria en las bajadas del agua y venia derecho hacia ella. "Mardita sea, que pelee en los medios, no en las tablas"!. Entonces emergió. Se trataba de la madre de todas las lubinas de la zona, se puso de costado y un pequeño cachón la elevó por encima de la roca que se interponía, menos mal, ya no quedaba ningún escollo entre los dos.
La boca estaba seca, el pulso se iba normalizando, la batalla me permitió mirar a derecha e izquierda para ver el mejor sitio para colocarla en seco. Yo estaba subido en una roca de unos dos metros sobre el agua, conseguí ponerla casi debajo de mi, la vi perfectamente, casi entregada encima del agua, le calculé unos seis kilos, traia el señuelo metido por completo dentro de la boca, estaba bien prendida, apenas se le veia la cabeza por momentos, el desenlace era cuestión de tiempo.
La orquesta interpretaba un pasodoble mientras el animal hacía sus últimas salidas, más por peso que por fuerza, pero cuando enfilaba hacia la mar, no había manera de pararla, hizo otro intento paralelo a la costa, pero acababa agotándola y poniéndola a la vista y sobre el agua.

Yo había retrocedido hasta bajar de la roca en que estaba, a un sitio cómodo y contaba con la ayuda de la última ola para vararla. La tendría a tres metros, ya contaba con que la situación estaba dominada, con que estaba segura, CON QUE ESTABA EN EL BOTE (el mayor número de cogidas mortales se produce al entrar a matar, con el toro ya entregado) cuando en un último intento se metió casi debajo de la roca en que yo había estado subido, no pude, no quise evitarlo para no tensionar al máximo el aparejo, supuse que no tenia manera de hacerse fuerte, pero por desgracia empecé a sentir el roce del trenzado contra la roca.
Fue un exceso de confianza. Ahora estaba con la llova enrocada a mi lado, esperé que viniera una ola por ver si se movía, pero nada. Tensé con mimo por ver si salía pero nada. Esperé unos segundos, tal vez minutos, que se hicieron eternos y presioné con un poco más de fuerza.
Entonces, noté el hilo en vano, casi cai para atrás por la inercia y al recoger y mirar el aparejo, el clip estaba abierto.
Se hizo de noche. En el palco el presidente sacó el pañuelo y sonó el primer aviso. Incrédulo ante lo que había pasado me quedé inerte, petrificado, mirando al vacio.

Si hubiera tenido un espejo para mirarme, mi pelo se habría encanecido y las arrugas se habrian adentrado hasta el fondo de mi corazón, había envejecido diez años en diez minutos, o en diez segundos mejor dicho y me quedé sentado en el grijo, como un tonto, con la mirada perdida, incrédulo ante el desenlace.
Todo empezó a dolerme mucho más, la espalda, el codo, las piernas, estaba volviendo a la realidad y en lo primero que pensé fue en algo que me contó mi padre cuando yo era pequeño: el hombre es el único animal que se lamenta, un zorro cogido en una trampa es capaz de morderse una extremidad y cortarla para recuperar la libertad y se va tan feliz, con una pata menos, pero libre otra vez.
Además lo peor era para el pez, se había ido con la boca cosida, probablemente estaba sentenciado, era frustrante, ni pescado ni vivo.
Con parsimonia empecé a recoger, la hiel sazonaba mi garganta, lo que me quedaba por subir, tanto esfuerzo para nada. . . . . . . . . .
Empecé a pensar que podía haber pasado y a la única conclusión que llegué fue que, al tener tan dentro el señuelo, el clip le quedaba a la altura de las mandíbulas y que probablemente, dolorida, sangrando, pero luchando por su vida, había hecho una presión desmesurada con ellas y había tenido la suerte de abrir el clip. También que, como calo con trenzado del 0,17 y terminal del 0,41 !!!!, debía haber forzado más la jugada y no permitirle hacer lo que hizo.
Pero ya todo daba igual, la realidad era insultante.

En una última mirada al canal, ví un objeto pequeño que flotaba, algo familiar, pero un poco lejano para distinguirlo. Picado por la curiosidad, esperé a que las olas lo fueran acercando hasta tenerlo cerca, me subí a la roca en que se había desarrollado el lance y comprobé con estupor que era el Patchinko flotando, como era posible, hacia diez minutos tenia los dos garrampines clavados dentro de la boca de una lubina y ahora flotaba libre........ igual que el pez, al que yo suponia dolorido pero con capacidad suficiente para recuperarse, vencedor en mil y una batallas, libre y que viviría cien años para procrear e inundar la zona de vástagos tan bravos como él.
Y me alegré y me volvió el color al pelo y desapareció casi el cansancio y me sorprendí a mi mismo subiendo el camino silbando el pasodoble "Manolete, Manolete, si no sabes torear pa que te metes". . . . . . . . . .


de Carlos Redondo (las fotos de la zona están en la entrada anterior)


Y esta lubina, que pagó con fuerza la Lubinona perdida en Galicia, pescada enla tierrina asturiana.

Esta es la historia

"Ayer pillé la mejor del año hasta ahora, 4 kg. justos, por Caravia Alta, a las 7,15 de la mañana, con el inefable Super Spock, me dió bastante guerra y estuve acojonado todo el tiempo, estaba en un sitio un poco alto, la tuve lo menos diez minutos debajo de mi como un tronco, mecida por las olas, hasta que pensé como podia bajar, una sucesión de olas me la metió en mal lugar, no vino por donde yo quería, como suele suceder, quedó varada pero con más de medio cuerpo dentro de un hueco entre los regodones, que eran grandes, tuve que controlar una quedada y jugarme el pegarme una hostia pues tenia que pisar bolos llenos de baba, pero tuve suerte y la mar se paró el tiempo suficiente para cogerla y volver a subir deprisa.Digo lo de que estuve acojonado por que antes, al segundo tiro, entre dos luces, sentí una que debia ser muy grande y tengo que lamentar la muerte en combate de un Z-Claw, vino hacia mi a toda leche, luego a veinte metros frenó en seco y salió como un cohete mar adentro, no pude pararla y en cuanto levanté la puntera me lo partió todo, por el nudo de unión del trenzado y el fluorocarbono, eso me pasa por no cambiar siempre o casi siempre el bajo, estaría rozado o algo así. Lo siento por ella, espero que sepa quitarse el pez. (Me dió muchas esperanzas una tertulia de Javipesquin sobre este tema en Asindegrande, hace ya algún tiempo).Tuve que ponerme a hacer el bajo y poner el clip en el mejor momento para estar faenando, todo azotao, no se veia muy bien y tres tiros despues me entró esta y claro, con el gafe que arrastro ultimamente desde que amenacé a San Andrés de Teixido con quemarle la iglesia si no me daba buena pesca, pues me puse en lo peor, igual estaba algo mal, ya me entiendes, la traté con mimo y se acabó el gafe con ella a costa de su vida, pobre.Debía haber ganao por la zona, mi compañero Mario sacó una del kg. al quinto tiro (él siempre se pone a chillar), le entraron a un Lucky - Gunnish - Gosth Minnow de 12 cm. dos grandes en una zona de espumerin y un metro de agua pero no se clavaron, sacó otras dos que devolvió y sobre las 10 apareció otro pescador por la zona, venia del lado contrario al que estabamos nosotros y traia una muy grande también, pero el tio paso de largo sin decir nada.En fin, combustible para seguir adelante. (El sábado también fui, cerca de Avilés, estuve tres horas dale que te pego y ni ví ni olí nada, pero claro eso no se dice ¿no?)








Gracias, Carlos.

Calos Redondo en Galicia

Carlos Redondo tiene el detalle de enseñarnos este trozo de la costa entre Lires y PLaya del Rostro. Me emociona que, gente que no conocía, sea capaz de dar, de forma altruista, parte de su talento y conocimientos para compartir en este humilde blog. Por ello te estoy agradecido, Carlos y con ello extiendo todo mi gratitud a todos y cada uno de vosotros, compañeros...y animaros a colaborar para mantener vivo este encuentro entre pescadores.
Envía además un texto flipante, que ahora reproduzco en otra entrada...con la historia de captura de una lubina preciosa además con un paseante y equipo ligero, que tiene mérito.









pescatur.blogspot, nuevo blog de pesca

Nacho nos presenta su blog.


http://pescastur.blogspot.com/

Suerte en esta iniciativa.

Otras fotos de Javi "fondalio"

Las envía Javi (javishark, fondalio). Se ve a Pepe "fanguila" y a Lalo, nuestros conocidos amigos. La cuerda, pues ¿yo qué sé qué hacían con la cuerda estos manguanes?...y menuda piña, ¡es un "piñón"!
Pescar hubo pesca, pero no sé que me dijo javi de problemas y la foto de los sargos no salió...pa la próxima.





domingo, 25 de mayo de 2008

Después de días sin ir, algo es algo...

Mal tiempo, demasiada agua, pocas ganas por una lesión plantar (siempre estoy jorobao de tobillos, espalda y plantas...) . Hoy fui un poco por la tarde. No hay mucho sargo y eso que no llovió y el agua estaba guapa. La zona (Mera, Dexo...) aún conserva algún "petonco" como el que pesqué, pero está bastante trumatizada con tanta pesca a embalo y submarina. Por ello, me doy por satisfecho, una tarde plácida y con "peleas" bonitas.






sábado, 24 de mayo de 2008

Con pulga , pesca divertida 2




LA PESCA CON PULGA

ÉPOCA -LUGARES


Salvo ciertos periodos poco favorables, como durante el tramo medio del invierno y en época de marejadas, es un deleite acudir a los aspectos favorables que aporta este cebo. Sin embargo, la colecta en presente se hace difícil hasta que entra la primavera.

Si hemos sido previsores, guardando unas raciones (de al menos 500 gramos cada una), habremos acertado con grandes pescas de “pardetes” del frío. Desde finales de noviembre a febrero, con una ausencia considerable de alimento en la costa, bandos plagados de grandes especimenes hambrientos sucumbirán ante la pericia del pescador avezado. De hecho, es posible llegar a la lucha con ejemplares de hasta 4 kilogramos... ¡enormes, en fin!

A pesar de ello, resulta preferible la temporada que va desde abril a junio hasta la cota de septiembre hasta noviembre, antes de la llegada de los rigores.

En el caso de las apreciadas lubinas y los sargos, estas especies disponen de sistemas de macizado adaptados a la época. La pulga es una opción cierta y ventajosa que contrarresta las inconveniencias que acompañan al agua transparente del estío.

Desde puertos a profundos acantilados, toda la costa es propicia. No obstante es preferible poner interés en aquellas desembocaduras en playas ricas en cebo. También en los pedreros desde cualquier posición, sin olvidar canales entre promontorios, grietas profundas entre las sierras, donde proliferan las algas pardas. Oportunidades por doquier.


Par el sargo uso anzuelo del 1/0 al 2, recto o curvo. Se meten varias (dos o tres a lo sumo) pulgas comenzando por la cola y con las patas hacia fuera (para que las patas se agiten algo ya que estamos pescando con pulga viva). Para el muil, usando congelada, un anzuelo del #4 tipo limerick (los mustad bronceados son económicos y suficientes). Se mete una grande o dos pequeñas, comenzando por cola y con las patas para adentro (el muil sorbe más que traga y por eso al estar la pulga metida así para adentro la tragan y clava mejor).



MATERIALES

Aquí y ahora quizá se trate de preferencias. Pues bien, para la pesca de mújoles y lábridos me entusiasma la caña boloñesa, de potencia reducida (10-20 gramos) y unos 4 a 6 metros de longitud. Con una acción eminentemente parabólica, facilita la elección de sedales finos con los que poder sustraer el habitual recelo de los muiles, con un buen fluorocarbono del 0,18mm o del 0,20mm de sección. Esta fórmula es "la divertida"; pero, para pescar mújoles en cantidad, sin crear aspavientos en el banco, el sistema que empleamos es a vara fija y al poso, con boya pequeña. Empleamos varas potentes, de 4 a 5 metros desde el cantil. Se trata de estar abajo, cerca del agua. Asomar la puntera de la caña, bajar la boya y pescar al tiento. Si comen bien, la boya se hundirá rápido. Tirón y lucha exigua (por eso la caña potente), con bajos del 0,28mm-0,30mm..asi perderemos pocos mújoles y haremos "pescata".

Las maragotas y los tordos no van a presentar muchas objeciones a un monofilamento del 0,24mm o del 0,28mm, incluso hasta el 0,40mm si pescamos a fondo. Un arpón del nº 6 o del nº8 será determinante si pretendemos clavar julias; para los tordos grandes será suficiente un nº6; las maragotas requieren algo más contundente, pongamos que un número 4.

Las lubinas y sargos, en un ambiente algo tumultuoso, atraparán pulgas con frenesí sin advertir el hilo del 0,24mm hasta el 0,30mm que hayamos empatado con maña sobre un anzuelo del nº1 al 4 recto forjado o un limerick típico estañado o bronce. Se trata en ocasiones de los rompientes acostumbrados, por lo que sigo optando por la caña de 7 metros de alta potencia, como hacemos durante el invierno.




PRECEBADO


El proceso de precebado del agua resulta un periodo fundamental. Varios puñados iniciales lanzados al canto de la piedra, allá donde golpea la ola. La pulga- viva- se verá movilizada por la corriente, circunstancia que le impedirá alcanzar refugio en el fondo o en las incontables anfractuosidades de la roca. Un puñado ahora, otro una vez transcurridos varios minutos, siempre escondidos, invisibles, nosotros.

Si de concentrar mújol se trata, tramaremos con preferencia otra situación. La pulga, si esta viva, la iremos machacando dentro de un cubo de boca ancha y fondo fuerte. Utilizaremos un mortero de madera, instrumento que es fácil de concebir.

Dicha estrategia lleva aparejada el siguiente objetivo: aturdir, hacer perder la movilidad frenética del anfípodo. No se trata de ninguna incongruencia ¿capturar pulga para luego matarla?...antes que nada interesa mantener una convocatoria uniforme ante peces como los mújoles, que se desplazan lentamente en cardúmenes bastante concentrados. Si vertemos pulga viva en un inicio, esta se dispersará sin más. Pero, una vez que hemos conseguido acercar el grupo a la misma orilla y vemos que se ceba sin sospecha, entonces podremos lanzar con disimulo.




ESPECIES-TÉCNICAS

Pleno verano, Mar tranquila y viento del nordeste... aciago día de pesca ¿dónde voy con las aguas transparentes? Sólo me resta como opción las agujas de la tarde; o bien un intento en la pesca de muiles; tordos y maragotas en algún canal en la bajamar; o bien ambas cosas a la vez. Recuerdo la pulga que guardo en el congelador, cuatro raciones.

Parece que van entrando en la puesta tras una larga hora macizando con rutina, y precaución de no ser visto. Una ligera veleta –de 4 gramos-, plomeada mediante 3 perdigones dispuestos equitativamente sobre un bajo corto, de unos 50 centímetros (pues veo que los peces se afanan en capturar la carnada en superficie).
Dudo, pero lanzo; veo moverse la boya, pero no tiro. Ahora sí, un fuerte golpe que clava el anzuelo del nº10 en el débil labio superior de una gran pieza. Caña firme, con la puntera hacia arriba; cinco metros que se arquean evitando que el ejemplar se encamine en una perenne escapada. El factor esencial consiste en evitar una huida del resto de acompañantes, por tanto una pesca ágil, rápida, de reflejos.

Aún se practica la pesca al tirón, con cañas de bambú cortas y en aparejo fijo de gran diámetro: esencia de tradición y experiencia, cuando se consigue que un receloso animal, en su lucha por el alimento, elimine la desconfianza.










El eterno problema, la duda colectiva enraizada en la cultura popular: las escamas, evitar que éstas caigan al agua. Efectos perniciosos para la puesta, que la anulan. Mas, en ocasiones la ley no se cumple... pero mejor prevenir depositando los peces en un buen cubo, o mejor en un tradicional cesto agrícola, o en una saco apropiado.

Pero, afortunadamente, tordos y maragotas (y julias) ofrecen otro comportamiento. Un terminal largo, que aproxime el anzuelo al lecho donde deambulan; un intenso precebado con pulga machacada y mezclada con arena: interesa que profundice con rapidez.

Ya está, esperar la pronta picada, un par de movimientos remolones y la boya hundida con violencia. Sabemos el resto, y si se trata de una gran maragota, paciencia, aguantar los dos tirones iniciales sin dar tregua alguna.

Sopla el aire, viene del mar ¿cómo demonios se lanza la pulga viva? No hay problema: donde bate el agua, incluso en seco, la dejamos caer y la corriente se encargará del resto. Las lubinas no encuentran traba alguna en rozar con sus bellos lomos los salientes inmediatos a la postura donde evolucionamos. De esta suerte, pescaremos en la cercanía, colocando varias pulgas en el anzuelo, esperando, demandando un indicio, una expresión del flotador rojo brillante... ¡qué se hunda, qué se hunda!

“Ceremonia”

Roballizas de hasta dos kilogramos son frecuentes si conocemos las zonas precisas. Veranos de cualquier año, en una desembocadura, en el repunte de la marea, cuando “Dicentrarchus” penetra en su diaria excursión. La pulga no fallará si somos pacientes y comenzamos en el momento justo.

Tema tan apasionante como extenso, que requeriría un desarrollo amplio, deja a la luz la esencia misma de una técnica que se pierde en la noche de los tiempos, expresión de la sabiduría popular del pescador de costa.

Sobrias pinceladas que espero azucen la mentalidad curiosa y la inagotable búsqueda de información que unos y otros mantenemos con espíritu, más allá de una simple afición.

Se trata de nuestro “Universo”... ¡y lo protegeremos!

martes, 20 de mayo de 2008

lunes, 19 de mayo de 2008

Pescata asturiana

Javier Pérez (javishark) envía esta pescata que me resulta famililar porque todos son buenos amigos y vecinos: los maestros Lalo, Pepe "Fanguila", Fran (hermano mayor de javi) y el propio Javi, consiguieron estos sargos en occidente astur, pese a la renuencia esta temporada; pero el que sabe...

Pinturas de Javier

Javier Pérez, nuestro compañero javishark nos envía estas pinturas con tema marino y pesquero.

Enhorabuena, Javier, sigue así... muchas gracias de todos.



Con pulga, una pesca divertida...1


BASES

Es que probable que nunca nos hayamos percatado de sus posibilidades; seguro que en nuestros paseos por la arena no hemos prestado atención a ciertas dinámicas de la biocenosis costera; tal vez la preponderancia de otros organismos, ya testados dentro de una limitada relación, nos ha hecho decantarnos por los mismos.

Pero haremos bien en reflexionar, a partir de la simple base de partida que supone los hábitos alimentarios de los peces. Un aspecto fundamental es el comportamiento itinerante que demuestran -al son de las mareas- y cuyo principal objetivo no es otro que la procura de alimento en la forma más simple y al menor coste energético; otro no menos determinante, y proporcionalmente relacionado, es la existencia en la línea de costa de factores alimenticios.

Este segundo parámetro se ve compensado por la ocupación que un humilde crustáceo hace de varias formaciones geológicas, con el único requisito de contar con aporte vegetal (algas de varias clases) y un sustrato sometido a unas condiciones de humedad y temperatura adecuadas.

Arenales, playas de guijarros y cantos acogen algas a raudales, ingentes cantidades que se van depositando por el efecto de las mareas y las marejadas, plantas que han madurado con los calores y que se desprenden de su fijación rocosa.

En un medio propicio se reproducirá con intensidad, un ritmo frenético que va a multiplicar la población durante el estío.

Al final la ecuación se resuelve de la siguiente forma: una alimento con gran valor nutricio, apetecible –tamaño, proporciones, vivacidad- por una gran variedad de especies; peces que se aproximan a la orilla atizados por la necesidad – generalmente durante o tras el desove primaveral-.

Conclusiones que de forma palmaria dejan al pescador deportivo con los conceptos definitivamente aclarados: primero, surtido adecuado de pulga viva, y en suficiente cantidad; seleccionado con ajustado criterio los materiales; analizando las situaciones óptimas de pesca –estado de las mareas, climatología, lugar de la puesta- que acompañen a la jornada prevista, de nunca adivinable éxito.



CARACTERÍSTICAS

“Talitrus saltator”, perteneciente a los crustáceos anfípodos, tiene un cuerpo comprimido, dotado de un dorso formado por escudos protectores. Del abdomen emergen tres pares de pleópodos o pies y otros tres pares de patas muy desarrolladas, que permiten ejecutar los característicos saltos.

Fuera de una visión ilustrada es posible para cualquier profano –ente los que me incluyo- diferenciar dos variedades fundamentales:

La de roca, que habita fundamentalmente en las playas de cantos ocultándose entre las piedras, y se caracteriza por un tono que va desde el anaranjado y pardo –color de las algas de que se nutre- al grisáceo (se ven algunas de capa clara).

La de arena, de color generalmente gris claro en las playas de origen calizo hasta tonalidades amarillentas, siempre en hábitat de esa coloración.

Como vemos, la morfología se encuentra íntimamente ligada al substrato que las acoge.

MODOS DE CAPTURA: LUGARES, ÉPOCA, CONDICIONES, INSTRUMENTOS

Las técnicas de acopio son diversas y resultan de gran interés, pues aprovechan, inteligentemente, el comportamiento de esta especie.
Un sistema se basa en el uso de una red de plástico (vale la red verde de la empleada en la construcción de nasas para mariscos y en el cercado de gallineros, con un hueco inferior a los dos centímetros de lado).


La red la situaremos encima de la boca de un cubo ancho (cuanto más, dispondrá de una mayor capacidad).

Luego cogeremos a puñados algas y las depositaremos encima, removiéndolas. Las pulgas irán colándose hacia el fondo del cubo, animadas por su tendencia a profundizar ante el menor atisbo de peligro.

Una forma productiva -aprendida del “maestro” José Arango-, pero que requiere condiciones muy específicas, consiste en lo siguiente:

Cuando en verano se produce una extemporánea gran marejada, el efecto de las olas hace que las pulgas se dirijan a la base del acantilado e incluso pueden llegar a trepar por el mismo. Es normal verlas acompañadas de cochinillas (“Ligia oceánica”), y el fenómeno llega en ocasiones a volverse espectacular.

En el momento en que comienza a descender la marea nos acercaremos a las grietas que veamos en la pared. Con un alambre consistente y de unos 50 centímetros de longitud, cuyo extremo le hemos dado un acabado en forma de gancho, rastrearemos todos los huecos donde se encuentran escondidos los crustáceos. Con una mano introducimos el utensilio y con la otra aguantamos un cubo al que dirigiremos las pulgas.




En playas de cantos, es preferible el momento de la bajamar o bien cuando comienza el reflujo. Aprovecharemos los meses de calor (desde mayo hasta septiembre, como término medio) para instalar -enterradas entre las piedras- bandejas de plástico, en una línea paralela a la orilla y a una altura similar a la superior que alcanzó la marea anterior. Se dispondrán unas cuantas de forma continua en una batería.

Podemos esperar al montante y recogerlas o dejarlas hasta que empiece a bajar el mar. La pulga desciende con las aguas buscando algas frescas para consumir y se mueve al vaivén de la marea. Al emprender el ascenso se ven apresadas en los cubos que hemos dejado acertadamente.

Las condiciones más apropiadas se desencadenan en los periodos de luna nueva, mejor si la temperatura es agradable y coexiste con una leve marejadilla.





La captura en las playas de arena tiene alguna particularidad interesante.

Se requiere un candil o cualquier aparato similar, siempre que esté en condiciones de emitir una potente y continua luz en todas direcciones y hacia el suelo.

Las pulgas de arena se verán atraídas y se acercarán al foco luminiscente.

Empuñando una pala de obra, se cogerán directamente con la arena y se echarán sobre una rejilla metálica (son especialmente adecuadas las empleadas en la construcción al objeto de cribado). El mineral pasará pero las pulgas quedarán en nuestro poder.


Con varios cubos de boca ancha enterrados, dentro de los cuales habremos dejado unos trozos de sardina o de lechuga (aunque no es preceptivo), resulta posible igualmente, satisfacer nuestras necesidades.



CONSERVACIÓN

De suma importancia resulta el proceso de preservación que se puede aplicar a tan inestimable cebo. Conocemos la fragilidad que presenta y su baja resistencia a las altas temperaturas y a la concentración (en capas superpuestas): en consecuencia, mantendremos la captura en un lugar fresco y oscuro, y a poder ser estirada en una lámina (los arcones viejos de madera son espacios ideales donde la pulga puede conservar su vitalidad un par de días, pero no más); descartaremos envases de plástico y menos si está cerrados y al calor del verano.

Para su transporte a la zona de pesca no hay nada como un buen saco de esparto, con poros que permitirán respirar al crustáceo.

Tanto la congelación como el salado son procedimientos alternativos que pueden solucionar la conservación de un remanente. En bolsas -a razón de unas tres raciones-, y en un arcón a –23ºC, permitirá disponer de una reserva para las épocas pobres del año, especialmente durante el invierno.

La salazón en salmuera también se puede aplicar. Es preciso saturar, mediante la adición de sal marina, agua calentada. Se hierve dentro de un gran recipiente y se va añadiendo sal y removiendo hasta que deje de disolverse. La pulga mantiene de esta forma una estructura y calidad óptimas.

Como veremos, estos sistemas hacen factible contar con cebo en todo momento, que servirá únicamente de engodo, especialmente de mújoles y lábridos. Comprobaremos que los sargos y las lubinas –especialmente- requieren salvo excepciones el empleo de pulga fresca y viva.

Soy un amante de un arte que ha deparado incontables momentos de satisfacción: pesca a la vez divertida y que hace detenerse al reloj.


Sigue...