sábado, 10 de mayo de 2008

Temporada de chipirón 2

Mal finde esemana, esperaba malo pero este "chirimiri atravesao" me fastidió planes (y ya no soy un chaval pa andar mojándome como un sapo); así que restaurante, paseo, y un poco de butaca al PC...os pongo 2ª parte de artículo del "chipi"...
Saludos, por si anda alguno por este trasmallo...
EL CHIPIRÓN, SECRETO DE CONFESIÓN: 2ª PARTE
Esas piezas recogidas de la molienda supondrán una eficaz carnada que cuidaremos con pasión. Cumple extraer la cabeza y los órganos interiores, dejando sólo el cuerpo (manto) que como sabéis consta de una capa de músculo.

Esta porción la estiramos y damos un corte longitudinal por la zona media. Luego incidimos separando en laminas; las del centro son las mejores, más densas y alargadas. De cada chipirón de unos 20 centímetros de largo obtendremos unas 6 fracciones adecuadas. Las que sacamos de los márgenes exteriores pueden ir a formar parte del engodo. La cabeza la guardamos junto al cebo, pues, como veremos, valdrá también para encarnar en el anzuelo.

Esta es la apuesta cuando el augur pronostica una tarde con la vara larga y el flotador al sargo y, eventualmente, al llobarro.

Soñemos, pues...

Anzuelo del número 1/0, gameta larga en fluorocarbono del 0,20 a 0,26 milímetros de espesor (seaguar, assari, tubertini...), emerillón, línea principal en un 0,27-0,28mm de sección ( Massimo de Leoni, Fender de Colmic, Ultra o super-streng de Asso, Gorilla de Tubertini...) que llega a una carrete fijado en una “siete metros” de alto módulo; una tira de chipirón que ensartamos con varios giros de muñeca en la tija del recto anzuelo 515, tapando bien el arpón....

Junio, un mes en que ya reposa el agua, cuando la expectativa se pone en la proximidad de peces en playas y pedreros; cuando se supone la magnificencia de la naturaleza, ofreciendo alimento generado en la costa, a través de un mecanismo universal que encuentra su catalizador en un altivo sol; cuando ya se aleja el tiempo del agua efervescente y el macizo de anchoa no es la panacea, inmerso en una agua calentada...es el instante, huyendo del mal agüero, que seamos nosotros quienes controlemos el sistema. Seguro que están allí...si empleamos chipirón.

Cumple olvidar parte de las nociones que, a veces con sentido dogmático, hemos aprendido en la pesca con macizo. No se trata de esperar el concurso de la batiente marejada que dé vida a ese producto natural. Buscaremos las mismas puestas, pero puede que estos días el fondo no se encuentre igual de tomado que en invierno. Es la esencia de la pesca con chipirón. La culminación de esta filosofía la hallaremos más adelante con la quietud canicular, y otra vez hallaremos refugio en el conocimiento, tomando la senda de la pulga y del camarón.

Cucharadas menudas, ya en el momento en que la marea permite la pesca, sin esperas fatuas, innecesarias por otra parte. Allá donde veamos el agua que nos gusta, la puesta limpia o con las algas en la zona supralitoral ( a las que no llegará la marea algo más corta del cuarto menguante), incluso a pleno sol...Ya no me cabe duda que los mejores días son los soleados, con mareas –pleamares- de coeficiente medio (65-75) a partir del medio día... y tantos otros factores que se incorporarán al tomo repleto de connotaciones que esta sistemática aparca en la mochila del pescador.

Hemos caminado por el largo y quebrado pedrero, determinados a tropezar con la posición crítica, aquella que va a deparar las alegrías una vez que el flujo llega a su fin. Astucia y compromiso, pertinaz y incombustible abnegación, virtudes que harán que no desistamos ante los fallos de ese rincón, antaño generoso; que comprobemos esa entrada de cantos, cuando ya la marea lleva una hora en su caída, sin desmayo, a sabiendas que en un momento la boya correrá presta, sumergida por un gran sargo, o una robaliza viajera.

Salimos del pedrero, repleto de obstáculos, con dirección a un puerto, de tantos como postales disfrutamos en el kiosco. La noche será garante, esta vez, del pescador de sueño inquieto, cerca del muro de contención, entre los bloques. Tal es el abanico de posibles que ofrece este inmejorable cebo. A fondo, con un plomo corredizo ( liviano ) y dos anzuelos (uno por abajo y otro superior), vamos a engañar sagos y lubinas, con serenidad y sin los tumultos de los plomos de 150 gramos que se oyen en la distancia. Arrimados a esa pared, donde en su base crecen algas y hay arena y piedra, y quisquilla...y chipirones que penetran noctámbulos, arrastrados por el áureo centellear de modernistas farolas.

¿Y las playas? hasta aquí llegaremos, en un ánimo sin par, desde orillas de cantos, en pleno día si controlamos el destino del engodo, arrimando cerca de esa piedra de contención; desde playas de arena, incluso, con la mar muy tranquila ( una sola ola que rompe en la orilla) que asegure que el chipirón rondará la zona de operaciones de una larga vara, con aparejo de fondo y un par de perdigones de 4 gramos ( como el la pesca al devalo del sargo).

Os puedo aseverar que casi nadie pesca de esta forma, si bien somos capaces de enviar un “roccotop” de 150 gramos a 160 metros, con lubinas y sargos acechando pulgas, políquetos y cangrejos con la aleta dorsal a la intemperie.

Y me voy, olvidándome quizá del “truco” primordial, ese que se cuenta a los amigos, entre hilos de humo y hielo de “cubata”, pero que es el núcleo central que va a marcar la diferencia. Si me dieran a elegir preferiría, sin paliativos, el calamar fresco: ¿cómo va a haber lago mejor que un producto limpio, blanquecino, recién descongelado o capturado? Pues no sé, pero a fe mía (y de pescadores y maestros que así lo han ido transmitiendo) que lo prefieren algo “pasado”. Ante esta disyuntiva insoslayable, que escapa a todo razonamiento empírico: sí, digo que la fermentación del engodo ( tras el picado) durante al menos un día ( dentro de la cubeta, bien tapado y al sol) da un producto de olor inconfundible, ácido y penetrante, color violáceo y sensación táctil pegajosa; y alcanza unos valores organolépticos que lo hacen irresistible para multitud de especies ( desde sargos a bogas, agujas a mojarras, chopas, lubinas, doradas, etc.)

Portaremos el chipirón así tratado, incluso nos permitirá volver a la congelación (no recomiendo más de una vez) y “estirar” la duración de una materia ciertamente onerosa.


Dejaremos para otra ocasión los comentarios sobre otros aspectos interesantes de la pesca con chipirón y calamar, tales como el empleo para grandes lubinas como cebo. Adelantar un esquema en que trato de resumir algunas de las formas más generalizadas de ensamblar las diferentes partes del molusco en el anzuelo.

Como vimos, la tira o lámina se engarza mediante vueltas sobre un anzuelo del número 4 al 1 o 3/0 para sargos grandes, y lubinas medianas de hasta 2,5-3 kilogramos de peso (aunque tendremos “sorpresas” como algunas de hasta 4,5 kilos que he arrimado a los pies); la cabeza, sobre un 2/0 o 3/0 para grandes sargos, lubinas de respeto, mojarras, doradas, brecas, etc: entero, destinado a congrio y gran lubina ( se ve un corcho montado en el interior para lograr algo de flotabilidad, impidiendo el ataque de crustáceos).

La pota se encuentra en todas las grandes superficies y será una opción si de ajustar el presupuesto se trata. Podemos aplicar todas las nociones vertidas sobre el chipirón con parecido resultado. El único factor negativo es que, al tratarse de ejemplares de mayor porte, su carne es significativamente más dura y difícil de hacer pasar por la cuchilla de la máquina; deberemos esforzarnos al respecto. Personalmente, aprecio de manera significativa el chipirón frente a la pota. ¡”No va color”!

4 comentarios:

alelopiedra dijo...

Que bueno, Carlos; la segunda parte, tan interesante y didáctica como la primera.
Mil gracias; yo empecé a pescar chipis el año pasado, pensaba que era aburrido.....y quedé enganchado.
Están muy muy ricos...pero habrá que pensar en dejar alguno para los peces.
Recuerdo haber guardado las cabezas en congelador, pero luego me resultaban muy duras para encarnar y las desdeñé; tampoco llegué a entender el uso de la tripa del chipirón ¿qué tripa? yo sólo veía unos hilillos (hablo de chipirones de potera, de unos 10 cm, los que salen en verano en los puertos).

saludos cordiales

joabp dijo...

Además de lo que se aprende, qué gusto da leer esos relatos... parece que lo estuviera preparando y disfrutando uno mismo.
Saludos cordiales

FRANMIRON dijo...

Carlos yo he seguido tus instrucciones al pie de la letra sobre este cebo y ya me he llevado mis primeras alegrias a boya: garcias
Saludos
FranMiron

sargoloco dijo...

Alejandro, La tripa, se utiliza y es buen cebo. Es complementario y si vas a fondo uedes poner todo el interior blando sujeto con hilo elástico...pero no suelen tener mucha cantidad y se puede complementar con una tira de carne...pero para boya, es un engorro. A mí me gusta picarlos, dejar unos pocos de los que saco el manto y luego cabezas y resto para picar. Siempre calo con tira, al final.

Me alegro, Fran..ahora cuidado con no hacerse daño y busca amanecidas, que entran lubinonas.

Gracias joabp