domingo, 8 de junio de 2008

La Sapa: un excepcional cebo



















LA SAPA


Ya se sabe, los crustáceos...esa clase de organismos acorazados, dentro de la cual se engloban los cangrejos, y las langostas. Si nos fijamos, descubrimos que la cabeza está unida a la cavidad torácica, donde se hallan las vísceras principales; quizá el aspecto más sobresaliente sean las patas, y sobre todo las pinzas, asaz molestas en ocasiones: unas tienen función motora (pereiópodos) y parten del cefalotórax; de ellas, uno o varios pares se han desarrollado como “quelas” o pinzas, de variable grado de desarrollo; las otras (pleópodos) salen del abdomen y sirven para nadar, amén de su función protectora de las huevas.

Los cangrejos (braquiuros) a veces creemos que no tienen nada que ver con la forma de las quisquillas (macruros), por ejemplo: el caso es que los primeros han sufrido un proceso de plegamiento, que ha llevado al abdomen a cobijarse por debajo del la cabeza.

Ya que hemos llegado hasta aquí, encaminémonos en dirección a esos bloques que tapizan y dan cobertura al espigón. Con una velocidad de vértigo, unos revolucionados habitantes que nos resultan familiares: son cangrejos, decápodos, y cuando era niño les vinieron a llamar “brujas”, apelativo del ser que dio placer a tantos lances.

Pasemos a describirlo, como siempre sin abusar de las anotaciones científicas que no son –en absoluto- mi especialidad:

A poco la nombran sapa que cangreja corredora; bruja que mulata o “queima casas” en Galicia...sin valorar los calificativos con que se la conoce en Francia, a modo de ejemplo: casse-pierres, crabe noir, chinois... Si leemos en cualquier publicación “Pachyprasus marmoratus”, sabremos a ciencia cierta que se trata de ella.

El cefalotórax (“caparazón”) parece cuadrado. La coloración va desde el verde grisáceo hasta el negruzco, dependiendo de su hábitat: tal vez, los tonos tizón que presentan los grandes peñascos hayan precipitado la selección de ejemplares de capa oscura; una gradación aliviada, junto a la vecindad de algas y arenas, dan a otras sapas coloridos vistosos, pero indescifrables entre el esmeralda y el ocre.

Tal vez se pueda considerar como la especie más abundante y ubicua de cangrejo, al menos desde el punto de vista del profano observador. La encontramos en todas las localizaciones, siempre que haya soporte de piedras o cantos debajo de los cuales se refugia, entre bloques protectores de puertos, en playas compuestas de piedras, etc.

Un trepador inverosímil, por hábil y desconfiado, que se deja caer irreflexivamente cuando atisba una fuente de peligro. Dedica una época a la muda, momento en que aparece inactiva.

Es frecuente verlas en el momento en que comienza a descender el nivel de las aguas. Suelen moverse en la procura de alimento al son de las aguas, siendo este el momento más indicado para su captura, a media marea.



Moviendo grandes piedras encontraremos debajo una aceptable provisión. La sistemática consiste en echar el ojo a una zona de piedras cercana a un rincón o cualquier impedimento que suponga una barrera al escape del crustáceo. Son de una extraordinaria rapidez. Iremos levantando piedras siempre de espaldas a la orilla. De esta forma, las sapas se irán concentrando más arriba. Capturaremos las que podamos y seguro que en el tramo final tendremos agrupadas a la mayoría.



Un modo eficaz de capturar grandes cantidades, cuando deseamos emplearlas también como engodo atrayente, es el siguiente: cortando una botella de plástico de agua mineral de 1,5 litros por el extremo superior, donde se encuentra la boca. Esa porción toma forma de embudo y nos servirá como puerta de entrada. Para ello lo invertiremos, incrustándolo dentro de la botella. La parte posterior la cortaremos .a unos dos centímetros. Luego haremos dos agujeros por los que pasaremos un trozo de cuerda o nylon que sirva para aguantar el cebo, un trozo de sardina o un mejillón. Luego aplicaremos el cierre. Varias botellas así dispuestas dejadas entre los huecos de las grandes piedras, en la bajamar, serán suficientes. A efectos de permitir su localización se puede anudar una cuerda fina pasándola por todas los envases “trampa”.

Es de noche y ha comenzado el reflujo esperado. La penumbra hace confiada a la “mulata”y somos conocedores de ello. Con un esquilero será cosa fácil: se coloca entre grandes pedruscos, depositando una sardina en el centro de la red; transcurridos unos minutos (tomando la precaución de no iluminar la zona) se recoge, siendo de esperar que unas cuantas se hayan visto envueltas en el sagaz engaño.

Una variedad prácticamente similar se desarrolla en las rías, y se apresa siguiendo las misma pautas: debajo de montículos, de chapas o trozos de madera ( antiguos astilleros), en los resquicios que se habilitan en toda pared dispuesta en el curso del cauce, en misma orilla refugiadas... suelen tropezarse en gran número, lo que redunda en un modo más cómodo de captura. Con la mano izquierda se levanta una piedra y con la derecha se cogen.

Se deben tomar con precaución y los movimientos conviene que sean ágiles a fin de evitar en lo posible las dolorosas mordeduras. Dado el caso, no queda que resistir el malestar hasta que la enérgica tenaza ceda, cuando acercamos la mano siniestrada al suelo.

Se conservan de forma similar al cangrejo de arena, siendo muy resistentes. Incluso a temperaturas cercanas a los 20 º C pueden aguantar varios días. Esta peculiaridad las hace entrar a formar parte de una cabal selección de cebos.

En una caja de madera seca con algunas algas remojadas en agua de mar, tapadas y en un lugar fresco y oscuro, sobreviven hasta tres o más semanas; hablo de cajas de vino o de arcones fuera de uso.

En un cubo de plástico (siempre que perforemos en puntos sucesivos la tapa), resistirán varios días. Deberemos recordar guardarlas en un rincón fresco y a oscuras, eliminar las bajas y dispensar unas gotas de agua salada de mar.

Si contamos con el beneplácito familiar, aprovecharemos el receptáculo que está alojado en la parte baja de la nevera; ahí se habrán de consignar, procurando almacenar tal cantidad que no lleguen a amontonarse en demasía.

Asumen perfectamente la congelación: eliminamos todas las extremidades, envolvemos varias unidades en papel de aluminio...y directamente el arcón (a –18º C). Cómo no, se perderá algo frente al cangrejo fresco, pero garantizaremos, a la postre, una reserva por varios meses.

Algunas reglamentaciones establecen criterios limitantes, tales como la indicación de un cupo máximo permitido; estaremos atentos a las mismas con la observancia y respeto debidos.

Escribo en mayo y se aprecia que las hembras ( debajo del “pleón” o abdomen, que forma una ancha ventana) portan las oscuras y diminutas huevas; sería bueno hacer una excepción, dejando libres estos ejemplares, provisión que se asegura en el futuro.

Es un engodo - cebo verdaderamente efectivo, pese a lo cual pocos pescadores cuentan con este sistema para atraer sargos. Requieren -a este propósito-, una preparación previa: simplemente se procede a machacarlas, vertiendo pocas cantidades en la zona de pesca.

Una de las fases destacables en la manipulación de la sapa es el proceso que consiste en el anzuelado o ascado. Dejando de lado improvisaciones que pueden caber en este artículo, sólo resumiré las fórmulas que me han reportado éxito tanto a mí como al grupo de pescadores convecinos. Se trata de tres fórmulas, a groso modo:

- Para ejemplares medios a grandes: se desnuda de caparazón y partas, quedando el cuerpo; se hace una incisión longitudinal (se ve en la foto) separando dos porciones simétricas; introducimos una parte en anzuelo, procurando que reste fija, para lo cual lo pasamos por uno de los huecos de los artejos; hacemos lo propio con la otra mitad, dejando asomar la punta del arpón.

A posteriori se fija con hilo elástico, en casos que precisemos gran vigor en el lanzamiento; para la mayoría de ejecuciones, siempre aproximadas a la sierra y donde prevalece el sentido común y la puntería antes que la distancia de “casting”, no hará falta.


-eliminando las pinzas, se atraviesa de una a otra hendidura con un anzuelo del número (escala de Mustad) 1 al 1/0 ( puede oscilar desde el nº 4 para lábridos al nº 3/0 para lubinas), según tamaño. Este procedimiento es adecuado especialmente para sargos y lubinas, cuando se dedican a la caza en áreas donde predomina la batiente. La primordial virtud estriba en que esta presentación deja intacto al cangrejo, tal y cómo la lógica lo hubiera puesto a merced de los peces.




-Dos anzuelos en tándem. Se escinden las patas posteriores. Un arpón se introduce por una, sacando la punta por la parte ventral delantera; el siguiente toma la misma dirección, partiendo de la otra hendidura. Es idéntico proceder al que emplearemosa acertadamente con el cámbaro y ni que decir tiene que es recomendable para sapas grandes.

Armados de valor en ese risco que domina el canal, espacio donde la ilusión se torna imagen de róbalo, un 3/0 será ideal, escogiendo una cangreja en consonancia.

Pero, los pequeños lábridos sólo prenderán de un modesto número 4 al que hemos fijado un trozo de la parte carnosa interior.

En el caso que involucra a sargos y maragotas, me da por recomendar los números 1 y 1/0, en absoluto sobrepasados si deseamos capturar ejemplares respetables.

Sobre si es mejor que esté finalizado en anilla o en patilla no habrá discusión, pues no he encontrado diferencia a la hora de la picada.

Sabed una cosa: lubinas resabiadas de tanta temporada de atinado acierto esquivando artes de pesca, sucumbirán a una sapa bien ascada.

Montajes por encima del plomo, cortos si la usamos para estimular al “pinto” en la poza a nuestros pies; de una longitud creciente (a medida que las corrientes así lo determinen) si pescamos al largo, escrutando en la base de peñascos y canalizaciones más o menos alejadas.

También para la técnica conocida por “devalo”, que ya hemos repasado en anteriores ocasiones, dejando a la cangreja animarse sin contrapeso o al lo sumo con un par de perdigones, cuando la canícula.

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