domingo, 17 de enero de 2010

Algún sargo desde alto















Cuando la altura excede la capacidad de la vara para ascender la pieza con un solo movimiento, no queda otra forma más natural que el uso del carrete para recuperar los primeros metros.

Los movimientos deben hacerse pausados. El momento crítico es cuando el sargo está en el agua y bajamos la caña. Es preciso tensar con suavidad pues , de otra forma, la constante variación de la altura del agua ( por las resacas y golpes contra la pared) puede hacer que el peso del ejemplar rompa el bajo de línea si no somos precavidos.

Los carretes deben estar bien engrasados y ser de gran potencia de recuperación. Esto resulta imprescindible, no como en otras ocasiones corrientes. Un carrete de baja calidad puede ser suficiente cuando sólo precisamos de la potencia de la vara y el carrete se transforma en mero agente de recuperación de línea. Pero si se trata de ascender un sargo de más de un kilogramo, la cosa cambia, radicalmente.

En estos videos vemos un poco el proceso.

Estas localizaciones son complicadas. La posición natural está alejada del agua y suele asomar peligrosamente al vacío. Hay que poner mucho ojo y ser meticuloso.

No estamos hablando de espacios hacia zonas muy profundas. Hay cantidad de puestas que o se pueden pescar de otra manera. Y aunque parezcan áreas de mucho fondo, son someras en el veril. Allí deambulan sargos en la procura de percebes y otros alimentos naturales.



















lunes, 4 de enero de 2010

"Quizá sólo busque desahogo, una forma de expresión; tal vez, sea la necesidad de rendir homenaje, al Hombre. Para una persona que nunca palpó una tecla de ordenador, que tal vez, y en vida, nunca llegaría a conocer los entresijos de internet…para un Ser íntegro, cabal, entregado a su familia; de noble proceder, y austeras costumbres; trabajador, constante y solidario; amante del mar y sus secretos…
Sus pasos dejan aura por las playas de Barcia. Imaginarse cuánto, cuando un obligado retiro le privó de esas caminatas entre la polea y la dulce…cuántos pulpos, a vara; cuantas botonas y farrios, a caña de bambú; cuántos congrios, a línea…
Estaba fabricado a puro fierro. Con setenta años levantaba pesos que a otros mortales aplastarían. Caminaba presto a las mareas, sabio, tranquilo, amable en el xarreo.
Enfriados los sentidos, quedará indisoluble, implantado en mis sentimientos. Demasiados recuerdos, de infancia, adolescencia y juventud. Él ha sido alguien con mayúsculas, una persona afable, de inspiradora imagen y dulce corrector y maestro. Y así permanecerá en nuestro imaginario, pues sus piernas quebraron, ante el indolente óxido de tantas lunas.
La naturaleza fue sabia y le acogió en sus últimos momentos, de sus queridos rodeado, en paz y amor. Es el premio, exiguo, pero premio a un cuerpo ya envejecido, para un ser humano de semejante talla.
Nunca llegaré ni a la mitad de la mitad. Demasiadas virtudes, que no alcanzaré.
Adiós, tío Ricardo, te echaremos de menos."